La noticia del descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago en Compostela a principios del siglo IX traspasa las fronteras de los pequeños reinos hispanos y se difunde por toda Europa. Primero cientos y luego miles de cristianos se dirigen a la tumba del Apóstol en peregrinación, convirtiendo al Camino de Santiago en espina dorsal de la futura España.

Una de las rutas más activas en los primeros años de peregrinación fue la que discurría a lo largo de la costa cantábrica. Hospitales de peregrinos y monasterios quedan como huella, así como documentación que atestigua el paso de peregrinos allá por el siglo X. La dureza de la ruta costera, unido al apoyo de los reyes cristianos a la peregrinación por caminos interiores, dejó al Camino del Norte o Camino de la Costa como ruta secundaria en los siglos siguientes, cuando las peregrinaciones a Santiago alcanzaron su punto álgido, aunque también recogerá un aumento del número de peregrinos, hasta final de la edad media, cuando decae la peregrinación a Santiago

El peregrino medio no dejó constancia escrita de su peregrinación, por lo que sólo quedan las noticias de personajes importantes cuyo testimonio ha pervivido. Destaca la información del cronista y geógrafo árabe Al Idrisi (s. XIII), quien, al describir las rutas principales a Santiago, menciona la ruta Santiago - Bayona. Por su parte, el obispo de Oporto, que en 1120 utilizó el camino de la costa en su viaje de regreso a Santiago procedente de Reims, da cuenta del accidentado terreno e incomodidad. Será en el siglo XV cuando se tenga el primer texto ampliamente documentado de un peregrino insigne que utilizó esta vía: el Obispo de Arzendjan, Martir. No obstante, la mayor huella documental del paso de peregrinos nos las han dejado los partes de defunciones de los múltiples hospitales de peregrinos a lo largo de la costa, que recogen los numerosos caídos en su camino a Santiago o en su regreso.

A las fuentes documentales hay que añadir otras referencias no escritas que ayudan a los estudiosos a analizar esta ruta. Las alusiones a antiguas vías de comunicación, idóneas para el tránsito en la Edad Media; las imágenes de santos de tradición jacobea, especialmente las de Santiago, Santo Domingo de la Calzada, San Martín de Tours, Santa Marina, San Cristóbal o San Roque; la arquitectura prerrománica y románica, por ser este un arte unido a las peregrinaciones; hospitales de peregrinos, templos, capillas con advocaciones jacobeas, santuarios y, por último, las leyendas y tradiciones que sitúan en un determinado lugar la existencia de un hospital o la presencia de peregrinos en tiempos pasados.

Esta ruta está íntimamente unida al mar Cantábrico. Miles de cristianos peregrinaban a Santiago en barco, parando en los diversos puertos de la costa cantábrica, en los que ha quedado constancia del paso de los peregrinos. Los más aguerridos desembarcaban en alguno de ellos y seguían la ruta a pie.

A partir del siglo XVI, las guerras de religión y la menor atención de los reyes españoles llevan al Camino de Santiago a la decadencia. La ruta principal, el Camino Francés, deja de ver el fluido paso de peregrinos, y en las demás rutas, como el Camino de la Costa, el tránsito queda muy reducido y algunas huellas jacobeas desaparecen, aunque los peregrinos nunca dejan de pasar. Durante casi medio milenio la peregrinación a Santiago queda en letargo hasta que a finales del XX resurge con fuerza. La declaración del Camino Francés como patrimonio de la Humanidad en 1985, la aparición de asociaciones y cofradías y el apoyo de la Iglesia, encabezada por el Papa Juan Pablo II, así como de las Administraciones Públicas, llevan al Camino de Santiago al otro extremo de la balanza: la peregrinación se masifica y se convierte también en ruta turística.

Ante el inusitado empuje, la Iglesia, las asociaciones y las Administraciones Públicas deciden fomentar también la peregrinación por las otras rutas, con estudios, aclaraciones de caminos, señalizaciones y refugios. El Camino de la Costa surge hoy como importante alternativa para quienes ya conocen el Camino Francés, o para quien no desee la masificación y el calor abrasador del verano en Castilla, aderezado con un paisaje más verde y un relieve variado.

Catedral de San Salvador de Oviedo
Catedral de Mondoñedo, en Galicia